Restauración

net art

Cómo sucedió

A partir de la pieza original, se aprovechó la posibilidad de reproducir el código informático, que puede ser multiplicado al infinito, para crear dos nuevas versiones, una que ha sido definida “histórica” y otra “funcional o live”.

La versión “histórica” puede visualizarse también con un navegador antiguo y ofrece The Sentence así como se podía experimentar en el momento de su creación, pero los enlaces han sido reemplazados en la medida de lo posible con una versión alternativa de los archivos originales extraídos del sito Internet Archive. La versión “funcional o live” se caracteriza por mantener inactivos los enlaces rotos, en sintonía con la naturaleza efímera de la red y por permitir seguir contribuyendo al texto, devolviendo así a la obra sus funcionalidades originales.

“El proyecto plantea algunas de las principales cuestiones tecnológicas y filosóficas con las que hay que enfrentarse para la conservación de las obras de net.art. ¿Cómo y porqué preservar la naturaleza efímera de la web? La decisión de crear dos versiones del proyecto es una estrategia de preservación inusual, facilitada por el potencial del arte digital para crear copias idénticas. Además este proyecto ofrece un modelo potencial para la preservación de las primeras obras basadas en Internet, que se están deteriorando muy rápidamente”, asegura Christiane Paul



Consideramos que el problema de la caducidad de los soportes informáticos, mucho más que la obsolescencia programada de las herramientas, impulsada por la industria tecnológica, es una realidad que nos enfrenta a lo que podemos definir una futura extinción cultural. Si en la Piedra de Rosetta todavía podemos leer unos textos de hace más de 2000 años, esto con toda probabilidad no se repetirá con los archivos digitales. Por mucho que digan los expertos en conservación, el usuario corriente de los soportes informáticos, a menudo no consigue ni siquiera abrir los documentos almacenados en su viejo ordenador
Sin embargo el caso de The Sentence de Douglas Davis nos enseña que, como no podía ser de otra forma, las instituciones saben encontrar una solución para la conservación de las obras valiosas, aunque quizás con el tiempo resulte más viable conservar un retablo románico que la información almacenada en una memoria digital con más de 1000 años de antigüedad.

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